Story time: Patagonia – Gauchito Antonio Gil


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Gauchito Gil holds a place on the hearts and imagination of the southern population in the way Robin Hood does those of us in the north. Though, they take the commemoration a step further, keeping shrines and bestowing on him an unofficial sainthood. Shrines dot the south. Families and modern day desperados alike come to the roadside shrines to make requests ranging from new cars to children’s health. While they do not speak these requests aloud lightly, testament stands in the commemorations they leave upon fulfillment of the wish. For, you see, the request goes both ways. A petition is made alongside a promise upon its fulfillment.

The story of Gauchito Antonio Gil comes from Corrientes, an Argnetine province far to the north. In the 1860s the Paraguayan war raged, at a time of wealthy landowners and prevalent poverty among the rest.

Gil was a gaucho,  a nomadic cowboy, familiar with wandering and hard life. He wielded bolas, 2 balls attached by braided leather, used to entangle animals.

Despite the insurmountable difference of class and wealth which stood between them, the wild gaucho caught the heart of Estrella Díaz de Miraflores, a beautiful and wealthy widow of the area. This did not sit well with her brother, nor with the sheriff, who also had eyes for her.

To avoid further trouble, and in keeping with his patriotic duty, Gauchito Gil went to war, where he fought bravely and returned a hero to a country deeply split between two parties. Gaucho Gil was weary of bloodshed and was disinclined to abide a conflict which engendered further bloodshed between countrymen. He conspired with some other Caicos and together they fled the army.

They lived some time, off of stolen livestock and at the assistance of local papers, which saw his deeds as honorable. Stealing from the rich and giving to the poor, undermining the greed and corruption of those in power.

One day, the jealous sheriff and his men ambushed the gauchos and gunned down all of Gil’s companions. They were to march him to the city for trial but decided it was too far and instead prepared to execute him out in the salvaje (wild).

He was hung by his feet from a tree ,and as one of the captains prepared to slit his throat, Gauchito Gil implored him to wait, saying that an official pardon was on the way.

The guard ignored the words of the doomed man.

Gauchito Gil then warned his executioner that he would be better to go home and care for his son who had suddenly taken ill. Again, they took this to be mad ravings, as the man’s son had been healthy and happy when they had set out.

Just before his throat was cut, Gil admonished the executioner that when he got home to his sick son, the only way to save the boy’s life would be to invoke the gaucho’s name and make restitution for the errant deed of his murder.

The cowboy was thus murdered, moments before word of an official pardon reached the group. Upon returning home, the executioner found his young son gravely ill.

In desperation he returned to where they had killed the cowboy, buried him properly and spoke a prayer in his name.

This time, when he got back, his son was miraculously healed. The site of his burial became a place of pilgrimage until the landowner wearied of the visitors and had the body dug up and moved, whereupon he took gravely ill until he too prayed to Gil for forgiveness.

La hora del cuento: Patagonia – Gauchito Antonio Gil

Traduccion por Henry Tovar

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Gauchito Gil tiene un lugar en los corazones de y la imaginación de la población del sur de la manera que Robin Hood lo hace para los que estamos en el Norte. Sin embargo, se toma la conmemoración un paso más allá, manteniendo santuarios y otorgándole una santidad no oficial. Santuarios salpican el sur. Las familias y desesperados de la vida moderna de hoy en día van a los santuarios en las carretera para hacer peticiones que van desde los autos nuevos hasta la salud de los niños. Si bien no hablan en voz alta estas solicitudes, dejan el testamento en las conmemoraciones que dejan en el satuario a cambio de conceder el deseo. Porque, ya ves, la solicitud va en ambos sentidos. Una petición se hace junto con una promesa a su cumplimiento.

La historia de Gauchito Gil Antonio proviene de Corrientes, una provincia Argentina muy al norte. En la década de 1860 la guerra de Paraguay rabió, en un momento de ricos propietarios de tierras y pobreza prevalente en el resto.
Gil era un Gaucho, un vaquero nómada, familiarizado con la vida errante y dura. Tejía bolas, 2 bolas unidas por un cuero trenzado, que se utiliza para enredar a los animales.

A pesar de la diferencia insuperable de la clase y riqueza que se situó entre ellos, el gaucho salvaje capturó el corazón de Estrella Diaz de Miraflores, una bella y rica viuda de la zona. Esto no le cayó nada bien a su hermano, ni al sheriff, que también tenia ojos para ella.

Para evitar más problemas, y de acuerdo con su deber patriótico, Gauchito Gil fue a la guerra, donde luchó con valentia y volvió un héroe a su país profundamente dividido entre dos partes. Gaucho Gil estaba cansado del derramamiento se sangre entre compatriotas. Conspiró con algunos otros Caicos y juntos huyeron del ejército.
Ellos vivieron algún tiempo, del robo de ganado y en la asistensia de la prensa local, que vio sus obras como honorables. Robar a los ricos para dar a los pobres, lo que socava la codicia y la corrupción de los gobernantes.

Un día el sheriff celoso y sus hombres emboscaron a los gauchos y mataron a tiros a todos los compañeros de Gil. Fueron con él para marcharlo por la ciudad para el juicio, pero decidieron que era demasiado lejos y decidieron en cambio decidieron ejecutarlo en lo salvaje.

Fue colgado por los pies de un árbol, y como uno de los capitanes dispuestos a cortarle el cuello, Gauchito Gil le imploro que esperará, diciendo que un perdón oficial estaba en camino.

El guardia ignoró las palabras del hombre condenado.

Gauchito Gil luego advirtió a su verdugo que seria mejor que volviera a casa a cuidar de su hijo que recientemente habia enfermado. De nuevo, ellos vieron esto como palabras de un hombre loco, ya que el hijo del hombre se encontraba saludable y feliz cuando se habían establecido.

Justo antes de que le cortaran la garganta, Gil le dijó a su verdugo que cuando este llegara a su casa y viera a su hijo enfermo la única manera de salvarlo seria invocando el nombre de Gaucho y restituir la escritura de su errante asesinato.

El vaquero fue asesinado, momentos antes la palabra de un perdón oficial alcanzo al grupo. Y al regresar a casa, el verdugo econtró a su hijo gravemente enfermo.

En su desesperación, regresó a donde había matado al vaquero, lo enterró adecuadamente y pronunció una oración en su nombre.

Esta vez, cuando volvió, su hijo se curó milagrosamente. El sitio de su entierro se convirtió en un lugar de peregrinación hasta que el propietario se canso de los visitantes y desenterró el cuerpo y lo trasladó, con lo cual se enfermó gravemente hasta que él también oró a Gil para que lo perdonara.

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