Refugio Jacob and what became the Last day of our Season


Written by Fidgit
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People had been telling us there was a refugio on the other side of the pass. We weren’t sure what to expect. To date, some have been buildings caved in on themselves, others, abandoned habitations, and still others frequently used camping shelters. My dearest hope was that there be dry wood so we could make a fire. Neon dreamed a step further and hoped there would be an old gaucho, with a fire already burning.

What we did know is that we were soaked through, and while descending, our bodies did not generate as much heat as when we were climbing. We scampered to get out of the wind, straining our eyes to see the structure, which should be on the shore of the basin lake ahead. We wound among massive, smoothly rounded rocks. I felt tiny in the stead of the glaciers which once rumbled across these lands.

Circling the lake we saw a roof and were excited it appeared to be wholly intact, already better than half of the refugios we’ve known. As we approached we realized, this was just the bathroom. We wound amoung tall nothofagus shrubs. A helicopter landing pad? Equipment covered in tarps?

Jacob

There it was, in all its maintained glory, 10 times what I’d dared to dream, Refugio Jacob. We could hardly believe it (we also didn’t see the door), so we circled the building. THERE WERE PEOPLE INSIDE! My oh my, didn’t they look cozy and dry. We high-fived; we did a dance. We scuttled inside where we took off our sopping outer layer in the entry way and shuffled in to hover over one of the two warm stoves blazing away, steam rising off of us and the clothes hung on the lines above the fire.

The hosts proffered us cups of hot tea. We enjoyed them and chowed down on our final tubes of cookies. Folks asked us which refugio we had come from; we didn’t know. So they tried again, which way we were doing the circuit. We didn’t know there WAS a circuit. It is hard for those who have the luxury of planning and guidebooks to understand just how little information we usually have to go on. And it is not something to advertise because, quite frankly, it is dangerous.

They settled for asking us how many days we’d been out.
“140 something.” There were a lot of questions and incredulity. As we love when it does, the talk veered to long distance trails and thru hiking. A Californian began talking about the PCT and his buddy who had done it. It is always a thrill to engage folks and get them dreaming of their own long distance ventures to come.

Better still is eating hot food in a dry place. We even sat at tables like civilized beings.

spoon

The last known sighting of my spoon

Though, not TOO civilized. . .

picking feet

Hiker trash is as hiker trash does

We slept comfortably and dry in the bunk room and took our time the next morning, for today we were to town. Bariloche. The promised land.

Waking to a powdering of snow, not for the first time, nor the last, I thought about my back-country skis back in Colorado. I was jumping for joy. Neon was ever more resolute to be done with being cold.

We loaded up and trekked down, dropping elevation quickly. Stopping a few times to take it all in. Just below the refugio  horses grazed on tufts of grass. Was one of them a unicorn? We took a team vote and decided, unanimously, it was, and so it would go down in the story books.

Jacob lake

We stopped from time to time to take it all in. We hadn’t declared it, because there is little point in doing so when it comes to matters which actually matter, but we both could feel it. Bariloche would be where our first season would end. Besides, as it turned out, I had left my spoon at Jacob, and once in Bariloche, a dog stole one of my shoes.

For now though, we wanted just to make it to town. And finally we did. Trail became dirt roads, passing dumping sites of trash, power lines and speeding cars. Yup, civilization.

We had no direction once we got to town, nor did we know exactly where we were and the center of town was 14 km away. Neon was becoming dangerously cold so I stepped into a small shop to ask where we could find internet to reach out to our contacts in the city.

The gal kindly allowed us to use her internet, and we drank tiny coffees out of Styrofoam cups for a few minutes until Cheri appeared at the door. A marvel of energy, she swooped us into hugs, bundled us into their family’s burly jeep and we rushed off to gather her and Dylan’s 3 rambunctious kids before heading back to their home to bathe, eat, and begin to decompress for the winter.

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Family life and a delicious breakfast spread

 


Refugio Jacob y lo que se convirtió en el último día de la temporada

Escrito por Fidgit
Traducción por Henry Tovar 

La gente nos había dicho que había un refugio en el otro lado del paso. No estábamos seguras de que esperar. Hasta la fecha, algunos han sido edificios que han cedido en sí mismos, otros, viviendas abandonadas, e incluso otros de uso frecuente para acampar. Mi esperanza más querida era que hubiera leña seca para que pudiéramos hacer fuego. Neón soñó un paso más allá y esperaba que hubiera un viejo gaucho, con un fuego que estuviese ya ardiendo.

Lo que no sabíamos es que íbamos a estar empapadas, y mientras descendíamos, nuestros cuerpos no generaron suficiente calor como cuando estábamos subiendo. Nos desmarcamos para salir del viento, forzando los ojos para ver la estructura, que debía estar cerca de la orilla de la cuenca de lago por delante.

Nos movimos entre rocas masivas, suavemente redondeadas. Me sentí pequeña en el lugar donde estaban antes los glaciares, que una vez retumbaron a través de estas tierras.

Rodeando el lago vimos un techo y estábamos encantadas que parecía estar completamente intacto, ya es mejor que la mitad de los refugios que hemos conocido. A medida que nos acercamos nos dimos cuenta, que eso era solo el baño. Nos movimos entre los arbustos de nothofagus. ¿Una pista de aterrizaje para helicópteros? ¿Equipamiento cubierto con lonas?

JacobAllí estaba, en todo su esplendor mantenido, 10 veces lo que nos habíamos atrevido a soñar, Refugio Jacob. Apenas podíamos creerlo (también no vimos la puerta), por lo que rodeamos el edificio. ¡Había gente dentro! Oh mi Oh, que si no se veían acogedores y secos. Chocamos las palmas; hicimos un baile.

Nos echamos a pique en el interior donde nos quitamos nuestra capa externa empapando en el camino la entrada y nos arrastramos sobre una de las dos estufas calientes que ardían, el vapor aumentó fuera de nosotras y la ropa colgada en las líneas sobre el fuego.  

Los anfitriones nos dieron tazas de té caliente. Disfrutamos de el y comimos hasta el final nuestros recipientes de galletas. La gente nos preguntó de que refugio veníamos; no lo sabíamos. Así que intentaron de nuevo, ¿en que camino estábamos haciendo el circuito? No sabíamos que había un circuito.

Es difícil para aquellos que tienen el lujo de planificación y guias para comprender hasta que poca información normalmente tenemos para seguir adelante. Y no es algo para hacernos publicidad porque francamente, es peligroso.

Terminaron preguntándonos cuantos días habíamos estado afuera. “140 y algo” había un montón de preguntas e incredulidad. Como nos encanta cuando pasa, la conversación se desvió hacia senderos largos y senderismo. Un californiano empezó hablar sobre el PCT y su amigo que lo había hecho. Siempre es una emoción de participar y hacer que la gente sueñe sobre sus propias aventuras de largas distancias por recorrer.

Mejor aun es comer alimentos calientes en un lugar seco, incluso nos sentamos en las mesas como seres civilizados.

spoon

El ultimo avistamiento conocido de mi cuchara

Sin embargo, no DEMASIADO civilizada . . .

picking feet

Dormimos cómodamente y secas en el cuarto de literas y tomamos nuestro tiempo a la mañana siguiente, para hoy estábamos en la ciudad. Bariloche. La tierra prometida.

Despertando a una nieve pulverizada, y no por primera vez, ni será la última, pensé en mis esquís de vuelta en colorado. Yo estaba saltando de alegría. Neón estaba cada vez más decidida a tener suficiente con el frio.   

Cargamos y caminamos hacia abajo, dejando caer la elevación rápidamente. Parando un par de veces para tomar algo. Justo debajo de los caballos que pastaban en el refugio, ¿era uno de ellos un unicornio?

Tomamos un voto de equipo y decidimos, por unanimidad, que lo era, por lo que pasaría a la historia de los libros.

Jacob lake

Paramos de vez en cuando para tomar todo. No habíamos declarado, porque hay poco sentido hacerlo cuando se trata de asuntos que realmente importan, pero a ambas podíamos sentir. Bariloche seria donde terminaría nuestra primera temporada. Además, como vimos después, había dejado mi cuchara en Jacob, y una vez en Bariloche, un perro robó mi zapato.

Por ahora, sin embargo, queríamos solo llegar a la ciudad. Y finalmente lo hicimos. El sendero se convirtió en caminos de tierra, pasando por los vertederos de basura, las líneas eléctricas y los coches por exceso de velocidad. Si, la civilización.

No tuvimos ningún sentido una vez que llegamos a la ciudad, ni tampoco sabíamos exactamente donde estábamos y el centro de la ciudad era de 14km. Neón se estaba poniendo peligrosamente fría, así que se metió en una pequeña tienda para preguntar donde podíamos encontrar internet para llegar a nuestros contactos en la ciudad.

La chica amablemente nos permitió utilizar su internet, y bebimos pequeños sorbos de café en vasos de espuma de polietileno durante unos minutos hasta que Cheri apareció en la puerta. Una maravilla de energía, ella se precipito en brazos, nos metieron en el jeep familiar y nos fuimos corriendo a recoger a 3 niños traviesos de Dylan antes de regresar a su casa a bañarse, comer y comenzar a descomprimir para el invierno.  

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La vida familiar y un delicioso desayuno

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